Artículo del consejero de Educación, Cultura y Deportes, Amador Pastor, con motivo del Día de las Bibliotecas

 Artículo del consejero de Educación, Cultura y Deportes, Amador Pastor, con motivo del Día de las Bibliotecas

El lugar donde todo es de todos

 

Hay algo extraordinario en las bibliotecas que, por estar tan acostumbrados a ellas, apenas nos detenemos a considerar. Una persona puede entrar en una biblioteca sin que nadie le pregunte cuánto dinero tiene, qué estudios ha cursado, a qué se dedica o qué piensa. Puede sentarse, consultar un periódico, estudiar o elegir un libro entre miles de posibilidades. Y puede llevarse ese libro a casa, disfrutarlo durante unos días y devolverlo para que otra persona haga exactamente lo mismo. Todo ello gratuitamente.

Si lo pensamos bien, no abundan los lugares que funcionan de esta manera. Vivimos en una sociedad en la que casi todo tiene un precio, en la que poseer algo suele significar que los demás no pueden utilizarlo. Las bibliotecas, en cambio, se sostienen sobre una idea tan sencilla como revolucionaria: hay bienes cuyo valor aumenta cuando se comparten. Y pocos bienes hay tan valiosos como el conocimiento.

El escritor Alberto Manguel ha dedicado buena parte de su obra a reflexionar sobre los libros y las bibliotecas. En sus páginas encontramos una idea que merece la pena recordar: cada biblioteca es también una forma de ordenar el mundo. Porque una biblioteca no es simplemente una acumulación de libros, del mismo modo que una ciudad no es una acumulación de edificios. Lo verdaderamente importante son las relaciones que se establecen entre ellos y, sobre todo, las personas que los habitan.

Me gusta pensar que una biblioteca es uno de esos pocos lugares donde podemos encontrarnos con alguien que vivió hace dos mil años, escuchar lo que pensaba una mujer al otro lado del mundo o descubrir que nuestras preocupaciones actuales ya inquietaban a otras generaciones. También podemos encontrarnos con nosotros mismos. A veces, un libro nos ayuda a comprender algo que nos sucede y para lo que todavía no habíamos encontrado las palabras. Hay, además, otra virtud de las bibliotecas que considero especialmente necesaria en nuestro tiempo: nos permiten descubrir aquello que no sabíamos que estábamos buscando.

Hoy disponemos de herramientas extraordinarias para acceder a la información. Los buscadores y la inteligencia artificial pueden ofrecernos respuestas en cuestión de segundos. Sin embargo, esa facilidad encierra una paradoja: para encontrar algo, generalmente necesitamos saber qué preguntar. Una biblioteca, en cambio, nos invita a recorrer sus estanterías sin un destino determinado, a detenernos ante un título desconocido y a descubrir un asunto que hasta ese momento ni siquiera nos habíamos planteado.

En una época en la que los algoritmos tienden a ofrecernos contenidos semejantes a los que ya consumimos, las bibliotecas conservan la saludable costumbre de colocar juntas ideas que no siempre están de acuerdo. Nadie nos exige compartir lo que leemos. Basta con estar dispuestos a comprenderlo.

En Castilla-La Mancha, las bibliotecas públicas, las salas de lectura y los bibliobuses desempeñan un papel especialmente importante para facilitar el acceso a la cultura, sobre todo en una comunidad con tantos municipios pequeños. Porque una biblioteca en un pueblo es mucho más que un servicio cultural, es un lugar de encuentro entre generaciones, una oportunidad para aprender y un espacio donde compartir intereses y experiencias.

Nada de esto sería posible sin el trabajo de nuestras bibliotecarias y bibliotecarios, cuya labor va mucho más allá de gestionar préstamos. Recomiendan lecturas, organizan actividades, conservan nuestro patrimonio y, sobre todo, conocen a las personas que acuden a sus bibliotecas. Saben que recomendar un libro no consiste únicamente en conocer su argumento, sino también en comprender qué puede encontrar en él quien va a leerlo.

Este 24 de octubre, Día de las Bibliotecas, me gustaría terminar con una invitación muy sencilla: Acerquémonos a una biblioteca. No hace falta tener decidido qué libro queremos leer ni qué información necesitamos encontrar. Podemos entrar simplemente por curiosidad y dejarnos sorprender. Quizá salgamos con un libro que no pensábamos leer, con una pregunta que nunca nos habíamos hecho o con una idea que nos acompañe durante mucho tiempo. Y todo ello gracias a una institución que lleva siglos demostrando algo que convendría no olvidar: hay cosas que no necesitamos poseer para sentir que son nuestras.

 

Amador Pastor Noheda

Consejero de Educación, Cultura y Deportes 

Ernesto López Ruiz

ValdeREC
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