La Fuente del Emperador: símbolo de poder y administración en Almedina
Artículo de divulgación
Almedina es un pueblo pequeño, de poco más de cuatrocientos habitantes, encaramado sobre un cerro del Campo de Montiel desde el que se domina una extensión de olivares y formaciones pétreas que parece no tener fin. Su nombre viene del árabe y significa «la ciudadela», y ese origen estratégico, fronterizo y orgulloso impregna todavía cada rincón de sus calles. Pero si hay un lugar donde toda esa historia se concentra en un solo punto, ese es la ladera de poniente, junto a la antigua cantera, donde una fuente de piedra lleva siglos manando en silencio.
La Fuente del Emperador, conocida también sencillamente como «la fuente pública», es mucho más que un abrevadero o un punto de agua. Es un documento arquitectónico que habla de poder, de administración y de identidad. Construida en el siglo XVI, durante el reinado de Carlos I de España —el mismo que el mundo conoce como Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico—, la fuente fue levantada con moliz, la arenisca roja característica de la región, lo que le confiere ese tono cálido y terroso tan propio del paisaje manchego.
En el centro del muro de contención que la preside, tallado en piedra, se distingue el escudo imperial de Carlos V. Bajo él, una inscripción que resume en tres palabras el rango que Almedina ostentaba en aquellos siglos: «Encomienda Mayor de Castilla». No era un título menor. Las Encomiendas Mayores eran los señoríos de mayor rango dentro de las órdenes militares, y el hecho de que Almedina figurase como tal en los siglos XVI y XVII da la medida exacta de la importancia que este pequeño pueblo tuvo en el tablero político y administrativo de la Corona.
La fuente se articula en torno a tres pilones de piedra dispuestos en línea, alimentados por caños de hierro fundido que vierten el agua procedente de manantiales subterráneos. Durante generaciones, esos pilones sirvieron como abrevadero para los animales y como lavadero de ropa para los vecinos del pueblo. Eran un punto de encuentro cotidiano, uno de esos lugares donde la vida doméstica y la vida social se mezclaban de manera natural.
En 2002, la fuente fue sometida a una restauración integral que recuperó su aspecto original, consolidó las estructuras, repuso los elementos deteriorados y garantizó el correcto funcionamiento del sistema de captación de agua. Hoy, el Ayuntamiento de Almedina se encarga de su mantenimiento periódico. El agua sigue manando. El escudo imperial sigue presidiendo el muro. Y quienes se acercan a verla entienden, de golpe, que en este rincón del Campo de Montiel hubo una época en la que el nombre de Almedina resonaba mucho más lejos de lo que su tamaño actual podría hacer pensar.
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