Opinión: Rincones del vino de Chema del Fresno

Opinión: Rincones del vino de Chema del Fresno

En Valdepeñas, en el Museo Municipal-c/. Real 48- y en su sala de exposiciones temporales, se puede ver hasta el 8 de diciembre la magnífica exposición: «Rincones del Vino», cuyo autor es el conocido y reconocido pintor y diseñador Chema del Fresno, un creador original y muy creativo, que apuesta por una pintura diferente, distinta y con personalidad propia, que tiene denominación de origen, como los buenos vinos, entre ellos los de Valdepeñas, su ciudad natal y la del artífice de esta reseña.
LA MUESTRA.
La exhibición se compone de una veintena de obras de diferentes tamaños y realizadas en técnica mixta muy difícil de conseguir, en los que obtienes trabajos realmente maravillosos, que representan rincones de viejas bodegas del siglo pasado, en las que podemos contemplar: tinajas de barro de Villarrobledo de 500 arrobas-8000 litros-, tapadores de dichas ánforas, que se hacían con enea o madera; cubas, barriles y bocoyes; filtros de tela-lona, en la que se filtraba el vino antiguamente de forma natural y por su propio peso, dado que, los filtros se situaban en la parte alta, en el entramado de madera que precede a la techumbre de teja árabe, que era la que cubría todas las bodegas de siglos pasados.
También, podemos contemplar cuevas varias veces centenarias excavadas en la piedra caliza y con sus tinajas de Castuera, que se embadurnaban interiormente con pez y cuya capacidad oscilaba entre 150 y 200 arrobas; los antiguos «empotros» de madera; la cubería y sus utensilios, ya casi desaparecidos, salvo en el: «Museo del Vino de Valdepeñas»-c/. Princesa-, donde se puede observar lo que era un antiguo taller de cubería, en la que se aprecian todos los materiales necesarios para la fabricación de barriles: duelas, aros, remaches…, que se ajustaban a las duelas-madera- que formaban la cuba y que con tanto mimo y experiencia hacían los maestros cuberos o toneleros profesionales de aquellos tiempos pasados:- Caminero, González, Rosillo, Marín, Saavedra…- pero no tan lejanos, dado que, el autor de esta crónica recuerda perfectamente ver a Pepe, el cubero de la bodega de mi padre y mis tíos: «Bodegas Matías Brotons y Hermanos», forjar las cubas de madera de castaño, en las que, entonces, en aquellos años, se transportaba el vino de Valdepeñas, que se elaboraba en tinajas de barro, que eran las que tenían las bodegas familiares: «Bodegas Sta. Pola»-fundadas en 1920 por mi abuelo Joaquín Brotons Fenoll- y «Bodegas Sta. Isabel», fundadas en 1898 y adquiridas por mi familia en 1951, en las que trabajamos cuatro generaciones, hasta su cierre definitivo en 1992, cuando su último gerente y encargo del cierre fue mi primo-hermano, Matías Brotons Sánchez, comerciante innato que, anteriormente, se había dedicado al mundo de los seguros y los negocios inmobiliarios, además de ser comercial del Banco Bilbao-Vizcaya.
Asimismo, esta exposición nos recuerda otros envases utilizados anteriormente, como los pellejos de piel de cabra; las garrafas, bombonas o damajuanas de cristal blanco o verde, en las que se envasaba los caldos de la «Ciudad del Vino», que se enviaban a todo mundo, pero especialmente a España, ya que, el vino de Valdepeñas era el que se servía en todos los bares y tabernas de la piel de toro, el llamado: «Aloque», «Clarete», «El vino varón de España», que fe el que le dio fama y que elogiaron poetas, artistas y escritores: Richard Ford, Miguel de Unamuno, Mariano José Larra, Luis Buñuel, Gregorio Prieto, Francisco Nieva, Juan Alcaide, Sagrario Torres, entre otros, y particularmente, un hombre ilustre y de carácter bohemio enamorado de los vinos de Valdepeñas, que fue el abogado, juez, cronista oficial de Madrid, periodista y escritor costumbrista Antonio Díaz Cañabate, que, refiriéndose al vino que hacía Francisco Brotons Gonzálvez- mi padre-, dice en su libro: «Historia de una Taberna» (Espasa-Calpe, 1947): «El Valdepeñas es un vino alegre; su alegría es como su color granate, una alegría transparente que deja ver ese fondo de optimismo que todos llevamos en un rincón de nuestra alma».
BIENVENIDA.
Bienvenida sea a mi patria chica, mi ciudad-isla, mi ínsula báquica, mi Atenas, mi Alejandría de La Mancha está interesantísima muestra del artista Chema del Fresno, que, en ella, nos retrotrae y evoca a un tiempo pasado, en la que en las bodegas se elaboraban los vinos blancos y tintos de forma natural, cuando podíamos contemplar el sorprendente espectáculo de ver fermentar tumultuosamente una tinaja de barro de 600 0 700 arrobas de vino tinto, un espectáculo por el que habría que pagar para poder verlo, aunque ya es imposible de contemplar, porque actualmente ya apenas se utiliza la tinaja de barro, que ha quedado arrinconada, abandonada, en el recuerdo de unos cuantos nostálgicos y románticos como el redactor de este texto.
Y pongo punto final con unas líneas que Jesús Martín Rodríguez Caro (Alcalde de Valdepeñas), escribió en un catálogo de la exposición anterior de Chema del Fresno: «Ciertamente los lienzos de Chema son un espectador necesario para ver el mundo que se nos escapa», palabras que hago mías en estos «Rincones del Vino», de Chema del Fresno, un pintor con denominación de origen propia, dado que, sus telas no hace falta que las firme, porque se saben que son de él, lo que quiere decir, que estamos ante un verdadero artista-creador, como lo fueron otros pintores de Valdepeñas, ya fallecidos: Gregorio Prieto, Ignacio Crespo Foix y Óscar Benedí, entre otros, que vieron la luz deslumbrante de los crepúsculos de la: «Ciudad del Vino».

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