Juan José Guardia Polaino sacude las conciencias en Valdepeñas con la presentación de “Desahuciado Ángel”

 Juan José Guardia Polaino sacude las conciencias en Valdepeñas con la presentación de “Desahuciado Ángel”

Juan José Guardia Polaino cierra su ‘Trilogía de los Exilios’ con “Desahuciado Ángel”, un poemario desgarrador y sincero presentado en un emotivo acto coral que fusionó música, análisis crítico y un vibrante recital compartido.

 

El cantautor Vicente Castellanos inauguró la velada. Su guitarra no fue un simple adorno, sino el vehículo para lanzar un grito tan antiguo como necesario. Al musicar el poema “La paz urgentemente” de Santiago Romero de Ávila, Castellanos desvió la mirada de los conflictos internacionales para poner el foco en la herida doméstica donde «actualmente en estos días estamos diciendo que el gran problema de España es la vivienda… A mi entender, el gran problema de España es la convivencia». Entre arpegios melancólicos, su voz se convirtió en un torrente que demandaba respeto y empatía en una sociedad asustada por el mal ejemplo de sus líderes.

El cantautor desgranó los primeros versos de la tarde. «Hay que sembrar la paz a manos llenas donde el horror se afinca y se levanta. Hay que encumbrar al ruiseñor que canta para olvidar fracasos y condenas… Hoy pidiendo la paz porque es urgente poner con humildad sobre la frente todo el candor que encierran las auroras».

Vanessa Irla

La palabra pasó entonces a Vanessa Irla Uriarte, teniente de alcalde y concejala de Cultura, quien desnudó su afecto por el autor antes de adentrarse en el abismo del poemario. Tras alabar la belleza de la música de apertura y aplaudir el exhaustivo y cercano prólogo de Alfonso Manzanares, Irla asumió una postura firme y autocrítica frente al naufragio social que retratan diariamente los periódicos y los informativos de televisión.

Para la concejala, los versos de Polaino actúan como un espejo incómodo para el ciudadano y el político contemporáneo, atrapados en una polarización que destruye los puentes del entendimiento. Esta quiebra colectiva la llevó a denunciar sobre el escenario que «las personas ni las instituciones de todos los colores políticos son capaces de dar ejemplo al resto de la sociedad, consiguiendo una polarización terrible donde si no piensas igual que yo, eres mi enemigo. Tenemos que poner en valor las diferencias para enriquecernos culturalmente y no para poner barreras».

Irla concluyó su intervención agradeciendo la existencia de creadores indómitos que utilicen la cultura para alzar la voz ante las injusticias cotidianas, argumentando con firmeza que «la poesía de Juanjo en este poemario es una poesía desgarradora que nos dice poema tras poema todo lo que estamos haciendo mal como sociedad, haciéndonos ver que tenemos parte de culpa en esa deshumanización».

Alfonso Manzanares

El rigor literario se adueñó del estrado de la mano de Alfonso Manzanares Garvín. Ante un auditorio inusualmente concurrido —hecho que el propio ponente destacó como una anomalía maravillosa para un libro de versos—, el prologuista dibujó el perfil de Polaino como un «activista, agitador y catalizador cultural» imprescindible en la comarca desde los albores de la democracia. Manzanares, sintetizando sus apuntes en cuatro notas esenciales, emparentó el arrebato social del autor con colosos de la talla de Walt Whitman, César Vallejo, León Felipe, Pablo Neruda, Félix Grande y Gabriel Celaya.

Haciendo gala de un vocabulario rico, describió la obra definiéndola como «la poesía de un loco que zarandea los pilares de nuestra identidad para rescatarnos de las cosas». En una defensa encendida de la lectura solitaria y sosegada como el acto más íntimo de comunicación humana, Manzanares lanzó una advertencia al público al recordar que «un libro que se deja sin leer en la estantería es un libro inacabado al que le falta la interpretación del lector». El bloque cerró por todo lo alto con una ovación cerrada para José Agustín Blanco, presente entre las butacas tras haber conquistado el prestigioso Premio Internacional de Cuentos Gabriel Miró entre más de 4.000 participantes.

Juan José Guardia Polaino

Llegó el turno central para el artífice de la trilogía. Juan José Guardia Polaino tomó el micrófono flotando en la gratitud hacia sus editores de cabecera en Ediciones C&G —Julio Criado y María Jesús Gallego—, sus rapsodas y su familia, dedicándole palabras de profunda devoción a su esposa Lourdes. Presentó “Desahuciado Ángel” como el cierre definitivo de su ‘Trilogía de los Exilios’, una poética sin subterfugios ni paños calientes, parida con la rabia legítima que provoca la injusticia que muchas veces se calla por mero compromiso o cobardía social.

Polaino se reivindicó a sí mismo frente a las etiquetas externas con un orgullo desafiante, asumiendo su papel en el panorama literario al proclamar que «alguien ha decidido que sea un poeta maldito o un poeta social; me señalan con ello, pero yo no cejaré en el intento de seguir luchando con mi voz. Abominad del aliento de mis palabras o convertidme en estatua de sal; no me importa si os ofendo, abandonadme en los labios del olvido». Su discurso, cargado de melancolía y misticismo, desnudó la esencia existencial del volumen al confesar que «a esta altura de mi vida solo quiero cantar la epopeya de los hombres que soportamos los vaivenes emocionales de los tiempos… El hombre es un ángel desahuciado que se somete al silencio y apela a la poesía».

Antes de dar paso al recital coral, Vicente Castellanos regresó a la escena para insuflar música y sensibilidad humana a los versos de otra autora local de Villanueva de los Infantes, Presentación Pérez González. Con el tema “Mujer”, interpretado desde una trinchera puramente humanista y ajena a cualquier tipo de ideología política, el auditorio vibró con el retrato de la mujer trabajadora que proclama su existencia desde el retrovisor de la pobreza, mientras la guitarra y la voz de Castellanos rasgaban el aire advirtiendo que «esta mujer que trabaja y se duele, que proclama y existe… No desea en su voz la queja resignada: la quiere grito, la quiere grito…».

Recital

El auténtico clímax del acto se tejió a varias voces a través de un recital magnético estructurado en dos rondas entrelazadas y un colofón magistral a cargo del autor. En el arranque de la primera ronda, el joven Aarón Guardia Pérez abrió fuego recitando “Epopeya”, fragmento en el que definió al creador como «la palabra derramada e impura, una voz oscura en la poética» antes de terminar proclamando que «es valiente la palabra, ella quien salva al hombre en su confuso trasmundo de escombros». Acto seguido, Teresa Gallego García tomó el relevo con “El segundo jinete” para dibujar una sobrecogedora inmersión en una ciudad de ángeles caídos donde el caballo rojo de la guerra desata su arcón de fríos puñales frente a la insensatez humana. Finalmente, Lourdes Pérez Hurtado selló este primer bloque amparada en una demoledora cita de Montesquieu que advierte que «hay que llorar a los hombres cuando nacen y no ya cuando mueren», un preludio idóneo para dar vida al poema homónimo “Desahuciado Ángel” y su viaje por el delirante desconcierto del mundo.

En la continuidad del recital, la segunda ronda vio regresar a Aarón Guardia para defender la palabra en “Contra la epopeya de los tiempos, la vida”, recordándonos a todos los presentes que los hombres iniciamos la existencia con la ceremonia del llanto. A su lado, Teresa Gallego desgranó “Travesía”, desplegando un torrente lírico donde la mujer es río, latido de lava y pebetero en el que arden los gritos de los días frente a la profunda tristeza de atravesar en soledad este planeta. Para cerrar este bloque de interpretaciones, Lourdes Pérez conmovió al auditorio con el poema “Sé que no es solo cruzar a las orillas de la palabra”, una desgarradora confesión donde el ser humano pide refugio en el exilio de la literatura para liberarse de la triste maldición de Sísifo. Como broche de oro y cierre del autor, el propio Juan José Guardia Polaino clausuró el rosario recitando “O danzar estoico cuando la muerte ordena”, un fresco majestuoso, solemne y doliente sobre las luces, las sombras, las pasiones prohibidas, los venenos cotidianos y la cruda realidad del ser humano frente a la llegada ineludible de la Parca.

Broche de oro

El tramo final de la velada reservaba un último latido de profunda emoción. Tras agradecer las excelentes condiciones acústicas del auditorio de Valdepeñas, Vicente Castellanos confesó haberse sentido tan conmocionado al leer uno de los textos de Polaino que sintió la necesidad de transformarlo en una suerte de himno de la humanidad contra la cólera y la ambición. El cantautor interpretó por primera vez una desgarradora adaptación musical que golpeó el pecho de los asistentes al clamar que «hay un silencio de calles abandonadas que inquietan las espaldas y muerden las aceras. Somos ya 8.000 millones de bocas que gritan una infinita maraña enroscándose… Somos tribus heridas, heridas de trincheras y dolor…».

La sorpresa mutó de inmediato en el «estreno mundial» de una pieza que el propio Polaino reconoció escuchar con absoluto asombro, admitiendo emocionado que ni él mismo sabía que su amigo la había musicalizado y logrando con ello llevar su alma «a la altura de los cielos». El acto concluyó de forma orgánica con una última invitación del autor a mirar de frente al dolor de nuestro tiempo y no camuflar la cruda realidad del mundo tras dóciles trampantojos, una petición que enlazó a la perfección con el deseo final de la concejala Vanessa Irla de que los lectores se sumerjan desde esa misma noche en las páginas de “Desahuciado Ángel” para «ayudarnos a desentrañar el enigma de la luz», dejando las páginas del desahucio oficialmente abiertas en manos de los presentes.

 

Ernesto López Ruiz

ValdeREC
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